Fragmento Front of the class
Hoy en clase vimos un fragmento de Front Of the Class, una película que habla sobre un niño con síndrome de Tourette, una enfermedad cerebral que le hace producir sonidos contra su voluntad. En el fragmento al principio sus compañeros se burlan de él y el profesor le regaña, pero el director se da cuenta y le expone, delante de todo el colegio a decir lo que le pasa. Después le pregunta que qué le gustaría que hicieran los demás y él dice que lo tratasen como a todo el mundo. El público le da un gran aplauso, y parece el principio de una mayor aceptación de la situación por su parte y una comprensión por parte de los demás.
Esto nos hace reflexionar sobre el tema de la diversidad funcional, la neurodivergencia, la discapacidad y en general la inclusión en el aula y fuera de ella.
Creo que algo muy importante que debemos hacer es comprender de manera profunda que todos somos diferentes y muy valiosos, en nuestra diferencia. Aceptar que la persona que tengo enfrente es incondicionalmente valiosa es un aprendizaje indispensable, aunque difícil de adquirir. Sin embargo, a veces se entiende de forma equivocada el tema de la igualdad. La igualdad, entendida por justicia, no consiste en tratar a todo el mundo de la misma forma. Consiste en dar y exigir de cada cual en función de sus capacidades y necesidades. Para tratar con justicia a una persona con discapacidad, no puedes demandar de ella las mismas cosas exactas que demandas a una persona con plenas capacidades. Esto a veces resulta polémico pero creo que es importante entenderlo. Hay que tener en cuenta la cantidad de dificultades que puede tener la persona que tenemos delante, la mayoría totalmente invisibles y desconocidas para nosotros. Una persona con cualquier tipo de discapacidad atraviesa muchísimas más dificultades a lo largo de su vida que la mayoría de personas. Eso, comprendido en profundidad, debería llevarnos a un respeto, un cuidado y una comprehensión especial hacia alguien que, de entrada, ya tiene todo más difícil. Esto no quiere decir tratarle como si fuera inferior, ni mucho menos. Pero sí comprender su proceso de forma que nuestra actuación se vea adaptada a ese proceso. Por ejemplo, no se puede juzgar la capacidad de estar en silencio en clase de un niño neuronormativo a la de un niño con Tourette.
Mi experiencia en un colegio de integración (al que acudían alumnos con necesidades especiales) ha sido agridulce y llena de contradicciones pero de ella he sacado valiosos aprendizajes. Una cosa terrible de mi experiencia personal en el centro ha sido corroborar que las personas de integración recibían bullying por parte de sus compañeros, entre los que me incluyo, de manera más o menos activa. Para un niño criado en un mundo capacitista es difícil entender de entrada que eso está mal o, sobre todo, evitar que, aun sabiendo que esta mal, lo lleve a cabo. En el sentido de que hacer bullying a una persona, reírse de ella, excluirla, está mal en todo contexto, y los niños lo saben pero aún así lo hacen. En mi caso no creo que el bullying fuera más dirigido a las personas de integración que a otras personas de clase. Pero sí es cierto que eran víctimas fáciles y que en mayor o menor medida había, por un lado, comentarios, risas y algunos abusos y, por otro, nunca se daba la integración total en el grupo.
Por el contrario, también puedo constatar que criarme en ese contexto me ha hecho ser una persona muchísimo más empática con cualquier tipo de diversidad. Soy muy crítica con mi pasado y siento mucho dolor por el dolor que causé o no evité. Pero ese mismo pasado convivió con la génesis de amistades preciosas con estas personas en cuestión. Si bien hubo episodios que ojalá no hubieran existido también hubo muchas experiencias de amistad, de compañerismo y de crecimiento codo con codo. Todo ello me ha dado herramientas para aprender realmente a vivir en diversidad. El aprendizaje mayor que saco es el de la comprensión y la adaptación. Cuando hoy en día conozco personas con discapacidad, siento que a menudo el entorno no sabe acogerlas porque se siente incomodado, no sabe qué hacer. Creo que el problema es que no tienen normalizada la situación, les parece algo excepcional y no tienen herramientas para actuar. Mi escolarización me ha hecho tratar la diferencia con normalidad, porque lo cierto es que lo normal es ser diferente y que ser diferente puede ser más difícil, en ningún caso menos valioso. Y en caso de que sea más difícil lo mínimo que podemos hacer es facilitar todo lo posible. Comprender la diferencia, adaptarse a la misma, apreciar el valor de la persona, que siempre va mucho más allá de sus dificultades, y lo demás, disfrutar con ella, vendrá solo.
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